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Por ser el Padre de nuestra Parroquia

Y, un año más, después de las Misas, nos juntamos para compartir con nuestro Donjo el día de San José, tomando un aperitivo en la Sacristía antes de irnos a comer…

¡¡Las galletitas y el vino, muy buenos, como siempre!!

Y, como este año, nuestro cura parece que “se nota más congelado”, le regalamos una manta eléctrica para que le ayude a pasar menos frío…

Emocionado, agradece lo que le regalamos, recordando que, desde que empezó a reunirse con otros curas para celebrar este día, ahora, de ellos, sólo quedan dos… pero que su vocación le vino porque Dios “lo llamó”, como decía el canto de hoy, y que, por ello lo estaba celebrando así, con nosotros, en la Parroquia…

¡¡Gracias por ser el Padre de todos en la Parroquia durante tantos años!!

La Santidad

Todos los santos

Nada te turbe

Santa Teresa -José de Ribera

Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: solo Dios basta.

Eleva el pensamiento, al cielo sube, por nada te acongojes, nada te turbe.

A Jesucristo sigue con pecho grande, y venga lo que venga, nada te espante.

¿Ves la gloria del mundo? Es gloria vana; nada tiene de estable todo se pasa.

Aspira a lo celeste, que siempre dura; fiel y rico en promesas, Dios no se muda.

Ámale cual merece, Bondad inmensa; pero no hay amor fino sin la paciencia.

Confianza y fe viva mantenga el alma, que quien cree y espera todo lo alcanza.

Del infierno acosado aunque se viere, burlará sus furores quien a Dios tiene.

Vénganle desamparos, cruces, desgracias; siendo Dios su tesoro, nada le falta.

Id, pues, bienes del mundo; id, dichas vanas; aunque todo lo pierda, solo Dios basta.

Cien años de ternura

El profesor Luis Seoane nos envía la loa que Koldo Aldai, voluntario en Calcuta, ha hecho de la Madre Teresa de Calcuta:

Cien años de ternura

(26 de agosto/1910 – 5 de septiembre/1997)

Había que conocer Calcuta, atravesar su infierno en la tierra. Nadie es el mismo tras un paseo por esa realidad tan cruda. Tarde o temprano, toca integrar la noción de un dolor tan desparramado por el mundo. A cada quien nos aguarda nuestra Calcuta, más o menos sórdida, su tremendo interrogante al echar la última mirada hacia atrás y decirle adiós, noqueados, despistados.

En el itinerario personal es recomendable incluir esos claxones que rasgan los tímpanos, esas jóvenes madres que mendigan en cada esquina, esos tullidos sin piernas que avanzan veloces tras el turista, esa ciudad que concita tanta luz y tanta sombra y que ya no olvidaremos jamás…

A veces el viaje es una forma de descubrir vivos ejemplos que, en medio de esas extremas y lacerantes Calcutas, lo dan todo y en ese darse por entero entreven genuina felicidad. En esta ocasión viajar fue también sólo una excusa para encontrar a esos seres de desbordante entrega, para rendirse junto a ellas, para hincar las  rodillas a su vera en la otra punta del mundo.

Despertaba el día en la  enorme casa gris, en el baluarte de la entrega desde el que la Madre de los pobres  iniciara su apostolado de amor en Kolkata (Calcuta en bengalí). Era la Casa Madre de las Misioneras de la Caridad en Bose Road, era la misa de las 6 de la mañana en un día corriente en los comienzos de este año.

Sobrecogidos, agradecíamos  la oportunidad de estar en tan sagrado lugar, en el corazón de tan virtuosa casa, de tan heroico movimiento, que tanto amor ha irradiado por todo el planeta.  Agradecíamos la ocasión de compartir oración con esos ángeles de humilde “shari” blanco que pusieron morada en medio de los infiernos.

Renuncia total al mundo y consagración plena a los últimos de la tierra es lo que se respira entre las paredes desnudas de ese lugar santo. En la gran sala oratorio, se sitúan a un lado las hermanas, al otro los voluntarios. No hay más  mobiliario que unas esteras en el suelo. Sobre ellas nos arrodillamos dichosos. Todas las ventanas permanecen abiertas, pues esa suerte de tan digna y voluntaria pobreza no sabe de aires acondicionados. El ruido de la calle a veces apaga incluso la voz del oficiante, pero el estruendo del tráfico, por enorme que sea ya desde primera hora, no puede  devorar el santuario de paz, devoción y entrega allí creado.

En medio de ese recogimiento matutino, de ese lugar santo entre los santos, vamos recuperando la fe que ha ido mermando cada paso entre tantas calles que acumulan tanta miseria. Cuando tanto horror puede hacerte llegar a pensar que todo está perdido; cuando la mirada a poco se torna neutra, insensible; cuando la esperanza estaba a punto de apagarse, alcanzamos tan austero como inolvidable altar. Cuando rebelde empezaba a aporrear las puertas del Cielo, llegaron a estos oídos esos sublimes cantos.

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Domingo XVIII-C

Hoy disponemos de la ayuda litúrgica que nos proporciona el P. Galarreta en el siguiente documento: TO_18   y también del tema 8, acerca de las Peregrinaciones, con un recuerdo especial para García Rodríguez, nuestro Don Jaime…

Hizo el escaneo y PowerPoint: Mouriño Rodríguez, J.M.

El Año Santo

Por Carro Otero J.I. y Mouriño Rodríguez, J.M.