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Reflexión en 6º viernes de Cuaresma

Recuerda que no sólo en este tiempo de Cuaresma debemos realizar todas estas buenas obras…

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Reflexión en 5º viernes de Cuaresma

¡Qué error compararse con los demás!

Pedro había sido un hombre muy favorecido por la vida. Había tenido unos padres cariñosos y una niñez feliz. Su mente era despierta y siempre sacó buenas notas. Tuvo éxito en la vida y su posición social era más que desahogada. Se casó con una mujer guapa, excelente ama de casa y buena madre de familia; además, adoraba a Pedro a quien consideraba el mejor hombre del mundo… En resumen: Que tuvo una existencia feliz, en una atmósfera tranquila, libre de tensiones y de frustraciones. Su vida, pues, había sido irreprochable, gozando de una merecida buena reputación…

La vida de Juan había sido otra cosa… Tuvo una juventud amarga, pues sus padres se llevaban mal, discutían constantemente y amenazaban con separarse. Fuese por sus taras emocionales, fuese porque no era demasiado inteligente, sus notas eran casi siempre malas. Obtuvo a duras penas un título universitario casi por condescendencia, y luego, un modesto empleo, justo para malvivir. Sin posibilidades para ahorrar, temía siempre caer enfermo o sufrir un accidente grave. Había vivido en un barrio modestísimo, ruidoso y poco recomendable, con casas antiguas y apiñadas. Su mujer era apática y, además, gruñona. Tal vez por eso Juan bebía demasiado, perdía los nervios con frecuencia y decía palabras malsonantes…

Ambos eran católicos y cumplían con sus deberes religiosos.

Pedro iba a Misa y comulgaba a menudo; Juan, sólo los domingos, las fiestas de guardar y algunas otras fiestas señaladas… Dios se los llevó casi al mismo tiempo, y los dos comparecieron ante Él para ser juzgados. Fueron ambos al Cielo, pero el juicio les deparó sorpresas considerables…

La de Pedro consistió en que no obtuvo el puesto que se esperaba. “Sí, fuiste bueno -le dijo Dios-, pero ¿cómo no ibas a serlo? Apenas tuviste contrariedades ni problemas. Tus pasiones eran por naturaleza moderadas y no tuviste en tu vida fuertes tentaciones. Has sido un hombre virtuoso, sí, pero debías haber sido un hombre santo.

Juan, por su parte, tuvo una sorpresa todavía mayor, porque pasó por delante y quedó situado más alto. Sin duda podías haber sido mejor -le dijo el Señor- pero, al menos, luchaste. No te compadeciste en exceso de ti mismo y nunca tiraste la toalla. Teniendo en cuenta tus insuficiencias y tus circunstancias, no lo hiciste mal del todo y aprovechaste muchas de mis gracias…

Tú, ¿por quién te ves representado? El Señor nos pide que seamos santos. No te compares con el resto de la gente pues puede sucederte lo que a Pedro.

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Reflexión en 4º viernes de Cuaresma

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No hace mucho tiempo, dos hermanos que vivían en granjas adyacentes empezaron a discutir. Ésta fue la primera discusión seria que tenían en 40 años de cultivar juntos, hombro con hombro, compartiendo maquinaria e intercambiando cosechas y bienes de forma continua… Esta larga y beneficiosa colaboración terminó repentinamente… Comenzó con un pequeño malentendido y fue creciendo hasta llegar a ser una diferencia mayor entre ellos, hasta que explotó en un intercambio de palabras amargas, seguido de semanas de silencio…

Una mañana, alguien llamó a la puerta de Luis… Al abrir la puerta, encontró a un hombre con herramientas de carpintero:

-“Estoy buscando trabajo para unos días”, dijo el extraño, “quizás usted requiera algunas pequeñas reparaciones aquí en su granja y yo pueda ser de ayuda en eso”.

-“Sí”, dijo el mayor de los hermanos, “tengo un trabajo para usted. Mire al otro lado del arroyo aquella granja, ahí vive mi vecino, bueno, de hecho, es mi hermano menor. La semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros y él cogió su tractor y desvió el cauce del río para que quedara entre nosotros… Bueno, él pudo haber hecho esto para enfurecerme, pero le voy a hacer una mejor: ¿Ve usted aquella pila de desechos de madera junto al granero? Quiero que construya una cerca, una cerca de dos metros de alto, no quiero verlo nunca más.”

El carpintero le dijo:

-“Creo que comprendo la situación. Muéstreme donde están los clavos y la pala para hacer los hoyos de los postes y le entregaré un trabajo que lo dejará satisfecho.”

El hermano mayor ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la granja durante todo el día para ir al pueblo a por comida. El carpintero trabajó duro todo el día midiendo, cortando, clavando…

Al regresar el granjero cuando se acercaba la noche, el carpintero había terminado su trabajo.

El granjero quedó con los ojos y la boca completamente abiertos. ¡No había ninguna cerca de dos metros! En su lugar había un puente. ¡Un puente que unía las dos granjas por encima del río!  Era un bonito puente con pasamanos…

En ese momento, su vecino, su hermano menor, vino desde su granja y abrazando a su hermano le dijo:

-“Eres un gran tipo, ¡mira que construir este hermoso puente después de lo que he hecho y dicho!”.

Estaban en su reconciliación los dos hermanos, cuando vieron que el carpintero tomaba sus herramientas:

-“¡No, espera!”, le dijo el hermano mayor. “Quédate unos cuantos días. Tengo muchos proyectos para ti”, le dijo el hermano mayor al carpintero.

-“Me gustaría quedarme”, dijo el carpintero, “pero tengo muchos puentes que construir”…

 

1- ¿Cómo te has sentido con esta lectura?

2- Piensa en esas veces en que eres como el hermano mayor y quieres construir cercas o vallas que te separen de los demás, como por ejemplo: padres, hermanos, amigos…

3- ¿Qué actitudes son constructoras de puentes como el que hizo el carpintero?

4- ¿Es bueno que los enfados, riñas, peleas nos separen de las personas a las que queremos?

Reflexión en 3º viernes de Cuaresma

En las “florecillas” (c.7), se cuenta que San Francisco, previo a la cuaresma, junto al lago de Perusa, hospedado en casa de un amigo seglar, tuvo la inspiración de Dios de ir a pasar toda la cuaresma en solitario en una pequeña isla deshabitada de dicho lago.

Francisco le pidió a su amigo que lo llevara en su barca a la isla del lago durante la noche del miércoles de ceniza, sin que nadie se diera cuenta y su amigo así lo hizo. Para su estancia, San Francisco no llevó consigo más que dos panecillos.

Llegados a la isla, al dejarlo el amigo para volverse a casa, San Francisco le pidió que no le dijera a nadie dónde estaba y que volviera a recogerlo hasta el día del jueves santo. Y con esto partió, quedando solo San Francisco en la isla.

En la isla no había más que naturaleza, por lo que se adentró dentro de ella, hasta que encontró un resguardo natural entre zarzas y arbustos. En este sitio se puso a orar y a contemplar las cosas de Dios sin comer otra cosa mas que la mitad de uno de aquellos dos panecillos que llevó, como pudo comprobar el día de jueves santo aquel mismo amigo, al ir a recogerlo; de los dos panes halló uno entero y la mitad del otro.

¿Por qué Francisco comió solo ese medio pan de los dos que llevaba? Se cuenta que lo comió para alejar de sí el veneno de la vanagloria, de igualarse al perfecto ayuno que logró Jesús cuarenta días y cuarenta noches.

Este pasaje nos habla de mucho sobre la mística franciscana. San Francisco se tomaba muy en serio la cuaresma, porque es un tiempo de gracia; una oportunidad para apartarse de todo y quedarse con el todo, que es Jesús. La cuaresma es vivir con Jesús, configurarse con Él, y al mismo tiempo, honrarlo desde nuestra humanidad, con un corazón humilde, dejando todo el mérito y gloria al Señor Jesús.

Para nosotros. es inevitable pensar ¿Cómo podemos vivir la cuaresma? ¿Debemos apartarnos a una isla? ¿Tratar de ayunar 40 días?… Dura es la medida si así tiene que ser… pero al menos, no perdamos el celo de buscar a Jesús en la soledad de nuestro interior, aún entre nuestro trajín cotidiano. Podemos, también, cumplir cabalmente con lo que mínimamente nos pide la Iglesia con el ayuno y la abstinencia. Además, y muy importante (y difícil), no perder el enfoque que todo lo que hagamos es para que Cristo se configure en nosotros… y que sea precisamente esto lo que se nos note cuando convivimos con los demás, evitando mostrar nuestras acostumbradas amarguras y poses de superioridad. Bien nos a dicho Jesús: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz de cada día, y sígame.» (Lc 9, 23), dejemos pues que sea Cristo quien nos de su fortaleza y nos ayude a seguirlo.
Así sea.

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Del blog Paz y Bien


Reflexión en 2° viernes de Cuaresma

1º de Cuaresma

Reflexión de 1°Viernes de Cuaresma

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Del Blog de “Reflejos de Luz” tomamos estas buenas reflexiones:

Hace más de veinte siglos unos hombres escogieron el poder para humillar a Jesús, la violencia para colgarle de una cruz… Hoy, 2.000 años después, los que nos declaramos creyentes tenemos a Jesús como modelo de referencia, su identidad es para nosotros ejemplo de entrega y donación.

Os invito a que en este tiempo de cuaresma reviséis vuestra vida como cristianos, como discípulos de Cristo.

Este DNI que, a continuación, os muestro, os ayudará a recorrer con Jesús el camino del Calvario… Sólo así, podréiss, unos días después, reconocerle en el camino de Emaús y gozar para siempre de su compañía.

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A tí, personalmente:

Conviértete. De corazón. No te preocupes por la fachada, por el envoltorio. Jesús te conoce de sobra; no intentes engatusarle con “penitencias de todo a cien.” Rasga tu corazón, no tus vestiduras.

Ubícate. Utiliza para tal fin “el GPS de los evangelios.” En especial, el pasaje de Lucas (4,1-13). Acude al desierto donde te esperan un montón de dudas, de tentaciones… Pero no te des a la fuga, Jesús no te dejará solo, si confías en Él, saldrás victorioso.

Ayuna. Levántate todos los días con hambre de justicia. Acude a tu trabajo con hambre de solidaridad. Relaciónate con tus hermanos con hambre de fraternidad. Acoge las pruebas y los sinsabores con hambre de fe y acuéstate al finalizar la jornada con hambre de Dios. Ya verás como acabarás dándote “un atracón” de amor, de Amor del bueno.

Reza. Cierra las puertas de la desidia, de los ruidos, de las prisas, del “cumpli-miento.” Y, ahí, en lo escondido, en el interior de tu corazón ama, ora y habla a Dios de los hombres y a los hombres de Dios; pues nada sabe de oración el que no ama y nada sabe de amor el que no ora.

Escucha. Precisamente porque Dios te ha dado una boca y dos oídos, escucha el doble de lo que hablas. Pon “a cuarentena” tu lengua y escucha la hermosa melodía que Dios, a través de las ondas de tus hermanos, pone todos los días en tu corazón.

Santifícate. Dios, a través de este tiempo de gracia, te envía un mensaje: “La cruz es ante todo una declaración de amor.” A pesar de que haya gente a tu alrededor que siga prefiriendo un cristianismo de butaca, tú apuesta por un cristianismo de cruz. Recuerda que una persona santa no es aquella que nunca cae, sino la que siempre se levanta.

Mira. A tu alrededor. No es la cuaresma un tiempo para caminar solo. A tu lado, Jesús sigue cayendo una y otra vez bajo el peso de la cruz. Sólo los que tienes ojos pueden ver las necesidades de los otros y convertirse en cireneos de tantas personas que siguen recorriendo el camino del Calvario un día sí y otro también.

Ama. Pues sin amor despídete de entender a Dios, porque Él es eso, precisamente Amor. Combate las dudas, los fracasos, las cruces, el dolor… a base de amor. No olvides que si sufriendo se aprende a amar, amando se aprende a sufrir. Si amas, la Pascua, la resurrección, la dicha de un Dios-Amor brotará, y de qué forma, en tu vida y en la de tus hermanos…

¡Haz la prueba!