La Hostia

Al llegar al Templo estos últimos domingos, nos encontramos con la baja de muchos de nuestros niños porque “tienen Comunión”…

Hemos querido parafrasear este artículo de Julio Santos Pena, escrito en el Blog de “Cousas de Carragal”, porque, desde luego que el tema está así de mal… y ¡¡Debemos hacer una reflexión!!

Estamos inmersos en la época de las denominadas “Primeras Comuniones”  que en la actualidad son, en la mayoría de los casos, también las últimas…
En realidad se ha perdido la esencia del significado de tan importante acto religioso para quien cree y para quien se considera católico y, actualmente, casi todo el mundo piensa sólo en el banquetazo (los mayores) y en los regalos, (los niños).
El pasado viernes participé en un acto cultural con motivo del “Día das Letras Galegas” en un colegio público de Marín y salió a relucir un trabajo titulado “La Hostia amarga”. Un niño, con cara de susto le dijo a su profesora: Aquí hay una palabrota”, y la maestra se apresuró a explicarle que no era cierto y que la palabra “Hostia” no es ningún taco aunque se utilice por ciertas personas como tal. El chaval la miró y contestó “Ah, claro! es esa cosa que nos dan cuando comulgamos que sabe tan mal.”…
La anécdota no pasa de un episodio infantil pero vale para hacernos reflexionar sobre las milongas de hoy.     ¿O no?…
La Hostia

Y, ¿Dónde queda nuestro agradecimiento a Jesús por quedarse con nosotros en un simple pedacito de pan…?

¡¡¡Hay que reflexionar sobre lo que tenemos que enseñar a nuestros niños!!!… 

Como cantábamos hoy en Misa: 

Hoy te quiero contar, Jesús Amigo, que contigo estoy feliz. 
Si tengo tu amistad, lo tengo todo pues, estás dentro de mi. 

Después de comulgar, me haces como Tú: me llenas con tu paz. 
En cada pedacito se este pan, completo estas, y así te das… 

Estas ahí por mi, porque conoces que, sin ti, pequeño soy… 
De ahora en adelante, nada nos separara, ya lo veras… 

Te escondes en el pan y, aunque no te puedo ver, 
te puedo acompañar: es mi lugar preferido…       
            Hoy quiero comulgar, abrirte mi corazón así, de par en par;                                         eres mi mejor Amigo. 

Dos mil años atrás, a tus amigos invitaste a cenar y ahí les prometiste 
que con ellos, por siempre, ibas a estar… 

Y ahora, cada vez que el sacerdote eleva el pan en el Altar, 
me pongo de rodillas porque sé que, en esa Hostia, Tú estás… 

Te escondes en el pan y, aunque no te puedo ver, 
te puedo acompañar: es mi lugar preferido… 
                                Hoy quiero comulgar, abrirte mi corazón                                                                          así, de par en par; eres mi mejor Amigo. 

        Me vuelves a salvar como lo hiciste en la Cruz: en cada Misa,                                                                                  Tú, repites tu Sacrificio…                                                                     Hoy quiero comulgar, abrirte mi corazón así, de par en par;                                                                eres mi mejor Amigo, Jesús…

Publicado el 18 mayo, 2014 en Pensamiento, Publicaciones. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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