¡Su Corazón nos habla!

¡SU CORAZON NOS HABLA!   Javier Leoz

En el Corazón de Jesús, “habla a la Iglesia, comunidad de los corazones humanos”. “El Corazón no sólo es un órgano que condiciona la vitalidad biológica del hombre. El Corazón es un símbolo que habla de todo el hombre interior. Habla del interior espiritual del hombre”

Así se expresaba el recordado Juan Pablo II muy pocos meses después de ser elegido. Y es que, el Corazón de Jesús, aún  habiendo sido mal interpretada su devoción por unos, olvidada por otros y desconocida por las últimas generaciones sigue siendo un cauce muy positivo para reconocer en el Corazón de Cristo su inmenso amor y su  pasión por el hombre.

1.Acercarnos al Corazón de Cristo, es beber de las fuentes de la Salvación. Su Corazón nos llama y nos invita a la fidelidad. Aquello de lo que tanto nos propone el Evangelio: dulzura, humildad, obediencia, derroche de amor y de ternura, reconciliación y fidelidad… lo vemos todo perfectamente dibujado y refrendado en el Corazón de Jesús.

No podemos quedarnos solamente con el pensamiento de Cristo. Mucho menos conformarnos con sujetarnos a sus manos o estirar de su manto. Para conquistar a Jesús es necesario llegar al santuario donde están albergados sus más íntimos sentimientos, su tesoro de sabiduría y de ciencia, de plenitud y de vida, de muerte y de resurrección: su Corazón.

2.Cuando rezamos aquello de “Corazón de Jesús haz nuestros corazones semejantes al tuyo” no estamos pretendiendo otra cosa sino conseguir que, nuestro vivir, sea un existir como Dios quiere.

Cuando invocamos “Corazón de Jesús en Ti confío” rezamos públicamente, o privadamente, que sólo el Señor puede derramar sobre nuestro mundo soluciones que hagan de nuestra tierra un reino de justicia y de paz, de desprendimiento y de unidad, de bienestar y de verdad.

En la coyuntura que nos toca vivir, echamos en falta un poco de corazón en las cosas. Comprobamos que, mucho de lo que acontece a nuestro alrededor, está todo demasiado calculado, con poco amor y donde normalmente pierden los débiles. Frente a tanto  descorazonamiento, Jesús, con su Corazón lleno de la presencia de Dios, nos empuja a construir una civilización basada en el amor y en el respeto.

Pidamos al Señor que reine, hoy más que nunca, sobre este mundo tan arruinado moral y económicamente.

Pidamos al Señor que, su Corazón, sea un canal de agua viva al que nos podamos acercar para recomponer nuestras fuerzas debilitadas; nuestra fe adormecida; nuestro corazón envilecido; nuestras manos con tantas heridas por las luchas de la vida.

Sí, hermanos; es bueno mirar al Corazón de Jesús. Hay que alejarse, de vez en cuando, de tantos impulsos que nos hacen confundir el amor con el placer, la alegría con lo artificial, el bien general con el bienestar particular o el encumbramiento de la razón con la grandeza de Dios.

Que el Corazón de Jesús, en este día de su festividad, nos haga comprender, amar, celebrar, vivir, alabar, encomiar y propagar –como decía el Papa Pio XII- “el amor inmenso con el que Dios nos ama”.

Publicado el 9 junio, 2010 en Liturgia y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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